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 Budismo y chamanismo unidos por el temazcal

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sujata

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Fecha de inscripción : 09/10/2010

MensajeTema: Budismo y chamanismo unidos por el temazcal   Lun Oct 11 2010, 04:34

Vagamundos:

    Apuntes de una de mis últimas aventuras vagamunderas...

    Viernes de tarde, después del trabajo.
    Mañana será San Juan, comienzo del verano, noche de hogueras y renacimientos, es también el primer verano que pasaré en Barcelona, emancipado... y no tengo un plan.
    Me apetecía ver a Julia pero ella sigue de exámenes, sólo nos hemos visto una vez después de aquella noche juntos y deseaba verla. Óscar, mi compi de piso y hermano del alma, no sabe qué hacer. Laia, mi otra compi de piso y hermana, tiene que estudiar, está terminando medicina china pero dice necesitar un tiempo para ella sola, para estar consigo misma, libre de preocupaciones y de Octavio, no depender de nadie. Yo juego con mi guitarra, intuyo canciones que jamás escribiré, y lentamente extraigo una pálida versión del claro de luna beetohoveiano. Más tarde Óscar me trae una de sus habituales gratas sorpresas, dice que estamos invitados a un temazcal en Cadaqués con un posible lama, en el pueblo de Dalí, con Manuel y su gurú Toñín. Dice que es justo lo que necesitaba, un tiempo de interiorización, de poner orden adentro después de una semana de fiestas y locuras.
    Creo que la propuesta es genial, pero también quería ese fin de semana para mí, para tocar la guitarra y acaso ver a Julia, mi valkiria, pero pienso también que debe ser interesante ver qué pinta un lama en una ceremonia que creía patrimonio exclusivo de mayas. Le digo que de noche decidiré. Y así es. A la una decidimos ir los dos.
    Esa noche duermo muy bien, me levanto muy contento, despierto a Óscar con mis risas, sé que va a ser un buen día. Laia despierta también y le planteamos la situación. “¿Querías tiempo para ti, no? ¿Qué mejor que salir de Barna dos días y estar cerca de Natura?” Al final, sin insistir mucho más, se apunta a nuestra fiesta. Los tres compis del piso más flowerpower de Barna (no por casualidad vivimos en la calle "Torrent de les flors") se van juntos a una aventura espiritual...
    Quedamos en el HappyYoga con los “mayores”, Manuel, Toñín y Llorens, que pone el coche y conduce. El viaje se hace muy ligero. La vibra es realmente buena. Toñín anima la conversa. Es todo un gurú, un alquímico, un tántrico al estilo Jodorowsky, medio chamán, medio charlatán. Tenía un programa de televisión en Argentina donde se le conocía como "el gurú de la felicidad", su lema es "abre esa sonrisa, libera endorfinas". Yo no sé qué pensar de él, la verdad, pero al menos es divertido, es imposible no reírse con él. Y tiene contactos por todo el mundo. Gracias a él y a Llorens, que ya había hecho un temazcal con el indio y hablaba maravillas de él, hemos sido invitados a esta ceremonia tan especial en un día tan señalado. Y, por supuesto, gracias a mi Óscar que es quien finalmente nos ha conectado a todos.
    Antes de llegar a Cadaqués pararemos en una playita con un pequeño puerto para bañarnos desnudos, refrescarnos un poco. Es el puerto donde está la casita de Dalí, donde se retiraba para soñar su obra.
    LLegamos allí pues, una urbanización de "alto standing", con sus canchas de tenis y piscinas. Y vemos al chamán indio y al lama tibetano y su mujer, sentados conversando, al lado de la piscina de la casa, con su ayudante indio calentando en una chimenea las grandes piedras que habrán de hacernos sudar en el “inipi”, la tienda circular.
    El día es muy caluroso, a pesar de algunas nubes pasajeras. El verano empieza esa misma noche, hoguera de San Juan, momento mítico del año, símbolo de renovación, de morir a un viejo pasado para renacer a un presente nuevo.
    El lama nos cuenta que ha vivido dos años con el Dalai Lama y que lleva en Cataluña tres. Está llevando un centro con su mujer de Yoga tibetano en Sant Feliú donde hacen un Yoga muy especial, tienen una sauna que usan para antes y después de las sesiones de Yoga. El lama dice que esta sabiduría -la del sudor como purificación- ya llevaba funcionando miles de años en el Tíbet antes de la llegada del Budismo. Existían chamanes llamados “Benpas” que usaban unas tiendas como los "inipis" americanos, donde ponían piedras calentadas al fuego y sudaban entre cantos y tambores. Eran hombres que se alimentaban de carne y bebían alcohol, y sabían de la necesidad de liberar a sus cuerpos de toxinas y cargas para poder estar lo suficiente vacíos como para encarnar a la naturaleza y a los dioses. La tienda oscuras y el sudar era una puerta para contactar con los dioses y las fuerzas de la naturaleza, para reordenar el cosmos. Los chamanes podían hablar directamente con Natura, fundirse con los elementos, y si lo deseaban podían provocar la lluvia o hacer salir el sol. El indio Vladimir, dice que en Norteamérica los indios han estado haciendo lo mismo durante milenios, hablar con la naturaleza para comprender los designios del Gran Misterio. Dice que en Canadá, donde él ha vivido gran parte de su vida, los chamanes del Norte se reúnen en determinadas ceremonias para tocar sus tambores a campo abierto. Dice que todos los caballos salvajes de la región se acercan a escuchar la música y danzan, danzan por gusto, por placer. Animales y hombres festejando juntos en armonía el gran misterio de la vida. Pienso que en sitios así aún existe el Paraíso en la Tierra.
    Yo me siento al lado del lama y del indio. Están muy tranquilos y silenciosos. Su sola presencia contagia tranquilidad. Unos niños juegan en la piscina. La niña más pequeña se acerca al lama, todo un Rimpoché con su indumentaria de gala, y con los utensilios típicos, un gran diamante, un sonajero lleno de adornos y su enorme mala que acaricia de vez en cuando como si tuviera un gatito entre sus dedos. Y la niña le coje su diamante y le pregunta "¿esto es un diamante? ¿y de dónde lo has sacado? ¿de dónde viene?"
    Y el lama muy sonriente le responde: "este diamante es una lágrima del cielo. Un día una gran nube comenzó a llorar porque creía haber perdido al sol. Y lloró y lloró tanto que sus lágrimas cristalizaron, y de esos cristales salió este diamante que refleja la luz y la convierte en todos los colores del arcoiris... para que las nubes se acuerden de que el sol siempre está iluminando el mundo".
    La niña no parece satisfecha con la respuesta y se tira a la piscina a seguir con sus juegos acuáticos.
    Óscar y yo estamos en postura de meditación escuchando atentos, en presencia de este hombre luminoso, nuestras miradas se encuentran de vez en cuando pero no nos decimos nada. Todo está lleno de calma.
    La gente empieza a venir hasta que formamos un grupo de unos viente.
    Se ha retrasado un poco la ceremonio pero no importa.
    Entonces el lama nos manda hacer un círculo en el jardín y comienza a hablar un castellano precario pero inteligible, su mujer siempre a su lado, sumisa y silenciosa le susurra a veces la traducción de lo que quiere decir.
    Habla del momento único que vivimos, la ocasión tan especial que se da esa misma tarde. De cómo dos tradiciones se unen fraternalmente para celebrar un momento de la vida, el de la renovación, demostrando que el fondo de ambas religiones o modos del vivir miran hacia el mismo cielo. Su discurso se llena del verbo compartir. La mente occidental quiere comprender y solucionarlo todo discutiendo. Cree que así resolverá los conflictos, cuando en verdad los empeora. Ha de abrirse el corazón y entonces compartirse. La comprensión debe venir del corazón, si no sólo será un dato más de la memoria. Con el corazón podemos comprendernos yo y tú más allá de las culturas, lenguas y tradiciones.
    Nos habla de su cultura, de la tradición de los benpa, los chamanes del antiguo Tíbet cuyas artes se remontarían según el lama hasta hace 10000 años antes de nuestra era. (Recuerdo un texto Zen del maestro Dogen que hablando de la Vía dice: "El Árbol del Buda ha sido trabajado durante más de 10 mil años".)
    Dice que esta experiencia debe ser similar a la de los chamanes siberianos y a la de los americanos. Mucho más tarde llegaría el Budismo al Tíbet dándole una práctica meditativa rigurosa a todo el arte chamánico antiguo que comenzaba a deteriorarse por la búsqueda de poder y el uso de "sidhis".
    Los chamanes antiguos ofrecían animales a los dioses para que éstos les dieran poder. Pero el Budismo prohibió esto con toda su filosofía de la compasión y amor hacia todo ser sensible, así que los chamanes comenzaron a ofrecer pensamientos, negatividades y finalmente sus egos.
    Lo que hacemos en el interior lo hacemos en el exterior también porque no estamos separados más que en la ilusión de la mente. Entonces los budistas chamanes ofrecían su mente al cosmos por la Iluminación y el Bien de todos los seres. Del mismo modo nosotros estamos aquí para darnos, para dar espacio al otro y que podamos aprender juntos. Darnos espacio a nosotros y al otro desde el corazón.
    Le da la palabra al indio y éste saca la pipa. Habla de la simbología. Las cuatro direcciones están ahí representadas, y lo masculino (el tubo) y lo femenino (el cuenco donde se pone el tabaco). Al fumar juntos, compartimos el humo y nuestros deseos, ofrecemos nuestro aliento al Gran Espíritu que está en todo y también en la pipa. El lama añade que debemos tener sumo cuidado pues por la manera en que fumamos y las formas que adopta el humo un maestro puede ver la mente de la persona pues la mente es el aliento y la respiración. "¡Cuidado!" Y todos reímos.
    Debemos fumar entregando el humo al cosmos y a los demás en un acto de ofrecimiento y acción de gracias. Estamos compartiendo nuestro espíritu -que es el humo, explica el chamán- por el bien de todos.
    Entonces el jefe indio enciende la pipa con solemnidad, la besa con mucho cariño y la dirige al cielo y luego a las cuatro direcciones y acaricia el humo con una mano como pasándoselo por la cabeza, como si se bautizara con el humito. Luego la pasa al que está a su izquierda y comienza a pasar la pipa por todas las manos y bocas en silencio y con gran respeto. Da tres vueltas hasta que el chamán indio decide que ya es sufieciente y estamos preparados para entrar en el inipi. Poco a poco vamos entrando en la tienda a oscuras, formando dos filas en el inipi alrededor del pozo central, donde irán las rocas, mujeres a un lado y hombres a otro. Estamos muy apretados, aun así me las ingenio para tomar la postura del loto. Y el ayudante del chamán, también llamado “Guardián del fuego”, va trayendo las grandes piedras ardientes con una pala y las va tirando en el pozo del centro, diciendo una especia de oración: “Oh, my relations...” Y todos cantan “Ohh ahhh” o bien “ Ahhh hooo”. Una y otra y otra... y la temperatura empieza a ascender lentamente. Cuando parecen estar todas las piedras, 9 creo, entonces entra el ayudante y el jefe indio empieza a hablar. Habla de la simbología de la tienda, un vientre de mujer, la Madre Tierra, la Pachamama, el centro genésico del mundo, lo femenino, la cueva primigenia que reúne las cuatro direcciones y las fuerzas de los elementos para dar luz a cuanto existe en conexión y armonía con todo el universo..., también la simbología de los colores, en el techo de la tienda hay colgados unos pañuelos de colores que representan las fases o “puertas” de la ceremonia, las direcciones cósmicas, etc. El lama dice que en su tradición los colores son muy similares y simbolizan los centros de energía del cuerpo humano, los chakras. Y las cuatro puertas, la primera de sanación, la segunda de curación, la tercera de oración y la cuarta de acción de gracias. Cuando termina su breve “introducción al temazcal” el chamán manda cerrar la puerta. Quedamos en silencio y osuridad totales. Y entonces el chamán mientras recita una oración va arrojando agua de un cubo a la piedras generando mucho vapor y aumentando rápidamente la temperatura del inipi. El sonido del agua golpeando contra las piedras ardientes, las “Abuelas piedras”, sonido de aguas primigenias agitándose como en los primeros días de la Creación cuando la Tierra era una roca rugiente de lava... Luego arroja a las piedras unas hierbas curativas, creo que salvia que le da un aroma relajante al ambiente como de incienso. El chamán antes de arrojar algo (agua o hierba) a las piedras lo ofrece a alguna fuerza natural o arquetipo. Al gran Misterio, ("Wakan Tanka" le decían los indios Sioux y Dakota). A la luz y al maestro que vive en mí. A los guerreros de la danza del sol. Al Águila. A los cuatro elementos y las cuatro direcciones. A todos los seres. Después del ofrecimiento, el lama hace un breve comentario sobre el sentido de esta primera puerta, sobre la sanación. En el Tíbet esta sanación se refiere al cierre de la primera puerta del cuerpo, el primer chakra. Es la simbólica muerte del deseo, cerrar la puerta del chakra genital para no volver a nacer y a experimentar el dolor del mundo. Para el chamán tibetano, sanar es trascender el deseo sexual, carnal, el deseo de poder y reconocimiento y, por tanto, el principio de individualidad, el ego. Y después comienza a cantar unos hermosos mantras lentamente en tibetano acompañándose de su sonajero y de un tambor. Su voz se transforma. Invoca a las fuerza naturales y a todos los budas. Parece hundirse en el submundo y descender a los infiernos. Todo adquiere un carácter infernal. El calor, la oscuridad, el tambor, la voz desencajada del lama, mitad bestia, mitad dios, y el horrible calor que obliga al cuerpo a sudar por todos los poros. Hay un momento en que siento y pienso que todo mi cuerpo está llorando, como si me estuviera disolviendo en lágrimas, la frontera de la piel cada vez más difusa... La gente acompaña los cantos ininteligibles del lama con “aaas” y “ooooss”, y en una pausa del lama como para tomar aire, otra voz corta el silencio irrumpiendo desde el Averno. Una especie de rugido. Y el lama hace como un paréntesis repentino. Toma su voz normal y pregunta por quién hay detrás de ese rugido. Argumenta que por el bien y la protección de todos esa persona ha de salir de la tienda y esperar a la siguiente puerta. Más tarde el lama nos dirá que él estaba invocando a sus ancestros, a toda una estructura arquetípica cuya más mínima perturbación podría traer resultados nefastos; cólera de dioses, quién sabe.
    Y el chamán indio canta ahora también acompañándose con un tambor y un ritmo más enérgico y veloz, cada vez más enérgico. “Eyyyaaahaha eyyyaaahahaa...”
    El canto es una marea de poderosa energía. Todas las células del cuerpo vibran al unísono. Todo mi ser es una vibración, el sonido del tambor ha entrado en mi cuerpo o mi cuerpo se ha hecho tambor. Entonces siento que algo me golpea la pierna. Y sin pensar y sin ver soy consciente de la situación. El hombre que tenía delante se acaba de desmayar y ha caído. Entonces siento que me dejan algo en las manos y me dicen “Toca tú ahora”. El hombre desmayado era el tambor acompañante del chamán. Y me han pasado su tambor. Así pues comienzo a tocar sin pensármelo dos veces. El ritmo es simple pero poderoso, me dejo llevar y golpeo fuertemente. Pam pam pam... Estoy llegando a una especie de clímax, el increíble calor, la vibración, la sudoración, el canto “Eeeyaaahaaaa...”, y el tambor. Mi cuerpo entero vibra con el tambor, el latido de mi corazón se sincroniza con el instrumento y me convierto en el tambor.
    Es como si golpeara mi corazón, ya no puedo distinguir entre el sonido de la palpitación y el del tambor, se han fusionado... Pam pam pam... Sonido de purificación, ritmo ancestral, regresamos al Origen... (Me acuerdo de cuando cantábamos en Luz Serena el Sutra de la gran sabiduría acompañados también por un tambor -mokugyo creo que se llamaba- “Id, id juntos, más allá del más allá hasta la consumación última”)... Pam pam pam... Y siento cómo todo mi ser palpita, es como un campo magnético que se extiende un metro o más fuera del cuerpo físico. Y hay una fuerza que recorre mi espalda y empuja hacia el cráneo y sobre él, siento como si quisieran tirar de mí hacia arriba. Es como si una misteriosa energía masajeara mi cerebro y estirándolo quisiera sacarlo fuera del cráneo. Siento que si seguimos más tiempo con esta intensidad saldré disparado a través del cráneo y del techo de la tienda y volaré hacia el cielo. Pero en el momento que tengo ese pensamiento el chamán detiene su canto y manda abrir la puerta. La gente empieza a salir entre suspiros de alivio en busca de la piscina o el jardín. Yo soy el último en salir antes del lama que me mira fijamente señalando la puerta y sin decir nada. Quería haber seguido más tiempo... Y voy a sentarme en la hierba del jardín, me quedo en loto, ojos cerrados, muy concentrado en la palpitación del cuerpo que persiste con mucha fuerza. Nunca había sentido mi cuerpo con tal intensidad, tanto que era como si hubiera perdido la solidez habitual para convertirse nada más que en una rítmica vibración guiada por el palpitar del corazón, el centro del ser. Sólo esto tengo presente, y lo simbólico de la entrega del tambor, siento que he sido llamado a participar de una poesía sagrada, el chamán es el poeta primordial y su poesía nace de la conexión entre su canto y el tambor así como de su conexión con los ritmos cósmicos..., he golpeado esa piel de cabra tensada para la sanación de todas las heridas, para la iluminación de todas las oscuridades y por el bien de todos los seres..., he de ser uno que golpea el gran tambor del corazón para el despertar del amor y la compasión universal, las manos de la Conciencia...
    Todo es una vibración constante, todo palpita, nada parece ya sólido, los átomos son ondulaciones de luz, la materia es energía en movimiento que la mente condensa para formar una percepción de la realidad... Frecuencias vibratorias, olas del Gran Océano... Longitudes de onda girando fractalmente como el adn o la galaxia... y todo éso somos nosostros...
    Volvemos a la segunda puerta. La de la curación. Será bastante más suave y más corta, cantos poderosos y de una belleza salvaje, primitiva.
    Hay un canto muy hermoso en castellano que comienzan dos mujeres de bella voz y que viene a significar el proceso desencadenado por esta segunda “puerta”, la curación, y a cada verso cantado por ellas todos respondemos repitiendo el mismo verso:

    “Como la Pachamama se enamoró de mí...
    Tierra, vive a la realidad...
    Como el Abuelo Fuego se enamoró de mí...
    Fuego, quema lo irreal...
    Como el agua clara se enamoró de mí...
    Agua, limpia mi oscuridad.
    Como el aire fresco se enamoró de mí...
    Viento, libera mi verdad...”

    La tercera puerta es la de la oración, todos hacemos una pequeña petición, una oración por nuestros seres queridos, por aquellos que sufren, por los que no están aquí y los que vendrán, por la paz mundial y la liberación de la pobreza y la opresión, un llamado a la Conciencia, a la compasión y a la comprensión entre todos los seres y los pueblos...
    La última puerta es la de la acción de gracias. Damos gracias por los milagros de la Creación, por poder compartir este misterio de estar vivos y cantarlo juntos.
    El lama canta el mantra: "Om mani pedme hum". Comenta un poco el significado del mantra, la importancia suma que tiene para el Budismo que lo considera como la encarnación en palabras del espíritu de la compasión, la compasión hacia todos los seres de todos los reinos. Dice que también hay una forma de entenderlo que sería sílaba a sílaba. Así cada sílaba simboliza un reino de existencia del Samsara universal y los seres que lo pueblan. El Om sería el reino de los Devas, los dioses. Ma sería el de los Asuras, dioses celosos o semidioses. Ni es el reino humano. Pe el de los animales. Me el de los Pretas o espíritus ávidos y Hum el de los Naraka o demonios del infierno. La mente compasiva del Buda los abarca todos y acoje todas las existencias. Al cantar el mantra actualizamos la compasión natural del Buda en nosotros mismos.
    Terminamos con un chapuzón en la piscina. Es de noche, noche de San Juan, se oyen cohetes, y las estrellas pueblan el cielo, testigos silenciosos de nuestra celebración. Estamos alegres y hambrientos. Nos invitan a cenar en casa del indio, todos estamos invitados. La casa tiene un porche con su jardincito donde ponemos una gran mesa redonda con sillas para todos. El lama y su mujer presiden la mesa. El indio y su ayudante y unas mujeres de la familia van trayendo cosas para picar, buen queso de cabra, longaniza del pueblo, pan casero, empanadillas... Y la gente habla, se hacen grupitos y charlan y charlan... yo me siento al lado del lama, observando las conversas y el silencio de este hombre y su mujer. Le preguntan sobre la reencarnación, qué hay de verdad en ello y cómo podría ayudar ese conocimiento a Occidente. “En verdad poco podría ayudarles. Los occidentales van a lo espiritual como si fueran al mercado. Meten en el carrito un poquito de reiki, otro poquito de Zen, otro poquito de Yoga, otro de terapia Gestalt, y así sucesivamente..., consumen pero no asimilan nada. ¿De qué sirve hablar de algo que no han experimentado? Es un tema de creencias, de discusiones. Para mí sin embargo no hay anda que discutir, para mí es una experiencia”.
    Entonces surge la pregunta de si recuerda sus vidas y responde que a él le fueron a buscar cuando tenía ocho años a Holanda y lo reconocieron como una reencarnación de un lama anterior. Pero él ya lo sabía desde que tenía cuatro años. A esa edad ya podía recordar su vida anterior y tener la certeza de que había nacido en Occidente para la expansión del Dharma. Luego lo mandaron a estudiar a California, supervisado siempre por otros lamas hasta que en su mayoría de edad viajó al Tíbet para vivir en la Lhasa unos años, vivió también dos años con el Dalai Lama viajando por el mundo. Realemnte estamos ante un lama muy importante, un Rimpoché. Pero se le ve muy joven, se le nota muy cortante en sus respuestas y parece reírse de nosotros, le comenta a su mujer, “esta gente no sabe estarse callada nunca, siempre hablan y hablan de cualquier tema, pero nunca hablan de sí mismos”.
    Laia le hace una pregunta sobre cultura tibetana, y el lama siempre sonriente le dice: “apuesto a que no puedes hablar sin mover las manos”.
    Laia se sonroja y calla, mientras el lama ríe.
    Toñín me comenta que tiene el ego algo subido. Por otro lado, me dice que para obtener el título de Rimpoché es necesario levitar. No estamos ante un cualquiera pues.
    El lama intercambia unas palabras con el chamán, hablan sobre los cantos, de la importancia de los mantras. El indio dice que algo hermoso sucede cuando toca el tambor y canta: “hay un momento en que ya no soy yo quien canta, la canción está ahí y ella se canta a sí misma”. El lama asiente con la cabeza.
    La comida se ha acabado y el chamán recoge la mesa, yo y otros ayudamos.
    Se pone a fregar los platos en la cocina, y le pregunto si puedo ayudarle.
    Me responde con total humildad que no, que esa es su cocina y fregar su meditación. Entonces me doy un tiempo para contemplar la casa, tiene una gran estantería llena de libros y muchos cuadros, pinturas de indios, de caballos, de tipis y naturaleza salvaje. Vladi -el chamán, nacido en la antigua checoslavaquia- me cuenta que él pintaba mucho de joven. Un buen día sin saber muy bien por qué comenzó a pintar indios sin parar. Entonces conoció a un hombre que hacía temazcales tal y como lo hacían los indios norteamericanos Dakota. Este hombre le recomendó visitar a una tribu en Canadá y allá fue y se quedó con ellos muchos años, aprendiendo las artes de la danza, el canto, la pipa, la búsqueda de la visión -llamada Hanchemblayami por los Dakota-, el temazcal...
    Su historia es fascinante. Es una presencia luminosa la suya y muy agradable, mucho más cercano que el lama. Su melena blanca, sus arrugas, su cuerpo fuerte, juvenil..., sobrepasa los sesenta años pero tiene cuerpo de treinteañero, realmente parece un indio de película.
    “Tú también buscas una visión -me dice-, pero yo no puedo ayudarte mucho en eso, te aparecerá cuando sea el momento. En la tradición de los indios norteamericanos, la visión que ha de forjar el destino de un chamán suele venir a través de un animal, una planta o una fuerza natural que instruye al aspirante. Para obtenerla, el aspirante se retira a la montaña y ayuna durante días siguiendo las instrucciones de su chamán. Las instrucciones varían según el aspirante. Yo puedo decirte con seguridad que si lo intentas no sobrepases los cuatro días de ayuno, a no ser que tengas un guía, y bebe agua a partir del segundo día. Las instrucciones de los chamanes suelen referirse a que hagas una especie de cuadrado ritual con piedras orientadas hacia las cuatro direcciones, dentro del cual te sentarás y esperarás la visión. También puedes cantar, orar, fumar pipa, danzar o meditar según tu temperamento, pero procura mantenerte despierto.”
    El lama entra en la casa como cansado ya de las preguntas curiosas de los comensales y coge una guitarra que estaba en el sofá y comienza a tocar.
    Para mi sorpresa, reconozco al instante esos primeros acordes... es “Hotel California”. Los Eagles. Me dice que lo aprendió en el instituto. Dice que es el mejor recuerdo que guarda de allí, la guitarra. Entonces le pido que me la deje y comienzo a tocar “Redemption songs” del Marley. Y el lama sonríe ampliamente, “me encanta Marley” -dice. Y los dos cantamos juntos:
    “Emancipate yourselvess from mental slavery... none but ourselves can free our minds...
    Wont you help to sing... these songs of freedom... cause all i ever had...
    redemption songs...”
    Apenas había intercambiado dos palabras con el lama en toda la tarde y con sólo un toque de guitarra pareció como si dos amigos de siempre se volvieran a encontrar después de mucho tiempo.
    Después de un “No woman, no cry”, el lama dice que ha de retirarse a dormir, nos despedimos todos. Vladi me anima a volver a uno de sus temazcales, imposible negarse, dice que comenzarán en Septiembre, ahora se volverá al Canadá.
    Nos bajaremos al pueblo a seguir la fiesta y conocer un poco Cadaqués.
    Me voy con la sensación de haber participado de algo único, algo que no logro comprender muy bien aún pero que al mismo tiempo me resulta tan familiar...

    Ala, abrazos, y enhorabuena por el nuevo foro,
    seguiremos en contacto...
    _________________
    En el viaje de la Conciencia...

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